Si algo marcó el cine de terror de los 70 (sobretodo el estadounidense) fue el polvo y la suciedad. Películas como “La Matanza de Texas” o “Las Colinas tienen Ojos” son grandes exponentes de esta tendencia, no solo definida por la sucia polvareda de sus emplazamientos sino por planteles de secundarios que representaban lo más oscuro y recóndito de la cultura rural americana con el consabido miedo, desconocimiento e ideas preconcebidas que la cosmopolita gente de ciudad tiene sobre la gente “de pueblo”: toscos, duros, cerrados, sucios, paletos…
Ese miedo, mezclado con los más carnavalescos personajes que la cultura freak dejó grabado en el subconsciente del país, dan lugar a una visión del mundo rural aterradora y llena de desesperanza donde sus habitantes, auténticos párias marginados por el mundo y olvidados por los que les convirtieron en lo que son, solo encuentran consuelo a su ira torturando todo cuanto entra en sus dominios y representa el fiel reflejo de esa sociedad que los destruyó y olvidó, sin remordimiento alguno, para propagar su “filosofía” por el resto del país.
Una sociedad que abusó de los medios rurales mediante prácticas ecónomicas desleales para exprimir sus recursos al máximo y, una vez explotados, abandonarlos por completo convirtiéndolos en tristes pueblos fantasma dónde solo los más tercos se quedaban hasta el fin de sus días.
La fiebre del oro, la del oro “negro”, la minería en general y la industrialización masiva, propiciaron la aparición de pueblos contruidos por y para la explotación de un solo bien o negocio sin la preocupación de que el susodicho pudiera llegar a su fin algún día. Pero como la historia ha demostrado más de una y diez veces, todo llega a su fin: los pozos se secan, las cosechas se mueren, los negocios quiebran y solo quedan los poderosos, que arrastran su ambición hasta otro lugar que explotar en un intento inútil por saciar lo insaciable. Y una vez que se marchan, atrás solo queda el odio y la pobreza de la gente que no pudo (o quiso) marcharse.
Es en ese odio en el que se apoyaba el terror de los 70, tal vez, como respuesta a la crisis socio-económica en la que el país se veía sumida por sus conflictos políticos nacionales e internacionales. Una situación preocupante, parecida a la que sufre actualmente en esta primera década del siglo 21, cuyas repercusiones se sufren a nivel mundial (gracias a la banagloriada globalización) y que se refleja en el nuevo cine de terror europeo: Martyrs, Alta Tensión, Rec, Los Abandonados, Rovdyr, Bosque de Sombras… Y en el caso de Estados Unidos, en las “sucias” manos de Rob Zombie.




Cuanta carga de critica social y politica has metido… Ultimamente el cine de terror europeo la verdad es que esta dando bastantes buenas historias. Tengo pendiente por ver Martyrs, que tal esta?
La carga crítica no la meto yo, la representan las películas a las que me refiero, pero le quise dar un toque de “discurso” al artículo para que resultara más atractivo.
En cuanto a Martyrs… Es una película que no deja indiferente y provoca mucha discusión (cosa de agradecer). A mí no me gustó demasiado, pero está bien. La película tiene 2 partes muy diferenciadas y la primera me gustó bastante, pero la segunda…